El vial de elixir robado me lastimaba la palma.
Temblé cuando los tres hombres regresaron, cruzando la puerta, los tres mirándome hambrientos. Traté de prestarles la misma atención a todos, de ocultar mi robo, pero no podía apartar los ojos de Sully.
Lo había visto majestuoso e imponente, deshecho y furioso, empapado de mar y reservado, torturado y solemne.

