La oscuridad trató de tragarnos enteros, matarnos, arruinarnos, capturarnos el alma.
— No me estoy casando contigo por el placer de llamarte mi esposa, esclave. No me voy a casar contigo porque es la evolución de una relación. Me voy a casar contigo porque te estoy reclamando por siempre. Tu alma será mía para siempre. En la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte me pertenecen a mí. Y yo te pertenezco a ti. —






